miércoles, 19 de noviembre de 2008

PROMETEUS

Y asi fue como en mi orgullo, en mi vanidad, tomé lo que era sagrado y se lo di a quienes no comprendian su esencia...

Sentia dentro de mi algo que me llamaba a la justicia, al equilibrio, a un nuevo amanecer... Pero ahora aqui, encadenado a esta roca llamada materia, comprendo que mi impulso no era libre de inmundicia, y que lo que de verdad me movia a hacer el bien era mi deseo de ser reconocido, convertirme en el dador de luz que liberaba a los hombres de la esclavitud de la ignorancia. En pocas palabras ser el objeto de adoracion y la representacion de la fuerza de la voluntad individual por sobre los designios divinos.

Cuanta vanidad...

Y aqui estoy, vivo, aunque muero dia a dia. Incapaz de liberarme de la esclavitud ni de evitar el tormento que me produce mi propia debilidad. En esta soledad aun guardo mis dones inmortales, pues puedo sobrevivir a cualquier ataque, y aunque a veces sueño que muero, al despertar se que he nacido de nuevo en otro cuerpo, como el sol que nace siempre con una nueva luz.

Y mi ojo divino ve lo que acontece con los hombres, y el resultado de mis acciones y de mi lucha contra el destino. Y al ver todo esto mi inteligencia comprende dia a dia que detras de toda accion, ya sea benefica y maliciosa, existe un designio inmortal e infinito que dirigue todo, y cuyo proposito es dificil de comprender incluso para los Inmortales, mas aun para los meras creaturas creadas del lodo de la tierra. Y mi castigo y a la vez mi leccion es comprender este misterio: Por que los seres caemos en la tentacion. Que es lo que nos mueve a la perdicion. Es divino? Es humano?

Desde esta montaña sagrada alcanzo a ver el mundo entero, y sin embargo mi inteligencia solo puede ver lo que reflejo del mundo en mi mismo. Asi pues esta vision se convierte tanto en un espejo como en un portal, y de mi depende si cruzo la puerta al mas alla o quedarme a comprender lo que significa ser humano. Y me pregunto: Que es mas importante, la inmortalidad o la sabiduria?

Escucho el batir de las alas del aguila. Mejor es que guarde silencio, pues es la hora de morir. Cuando renazca por la mañana habré comprendido algo nuevo.

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